
Noviembre 21, 2025.
Dios nos dio la vida ¿Que estamos haciendo con ella?
La noche temprana de casi mediados de noviembre volví a sentirme a mí misma observándome desde un más allá, como una visitante a mi propia vida y a mis propios recuerdos. Estaba en un restaurante italiano-estadounidense. El hombre a quien llamo mi pareja actualmente estaba enfrente de mí, perdido en sus propios pensamientos, mientras yo trataba de estar presente en mi vida y en nuestros momentos juntos. El verde de las butacas de la mesa, el ruido en inglés, las personas mayores en sus conversaciones, la amabilidad y la sonrisa de la mesera, los bussers, y la iluminación amarilla de los focos del restaurante; la comida rancia y guardada del lugar, y la necesidad profunda mía de saber qué es lo que exactamente estoy haciendo con mi vida en estos momentos.
La noche, y todo el gris de un Nueva Jersey que me ha enseñado tanto en estos últimos casi seis meses de mi vida. Luego estabas conduciendo a una tienda en una gasolinera, uno de los lugares que aparentemente frecuentas, y ahí estaba yo, yendo ahora contigo, como si tratara de meterme a tu mundo para entenderlo; para poder entender que tu realidad es una que tú construyes con tus decisiones, y que mi realidad es una que construyo con mis decisiones.
Escucho tu voz hablando de gramos como un experto que habla de algo que conoce profundamente, y aunque lo que estás ordenando es algo que la tierra produce y debería ser familiar para el cuerpo de naturaleza humana, la única vez que lo metí a mi cuerpo fue hace un año y nueve meses. Sentí que mi cuerpo ya lo había experimentado y sacado de su sistema, y que no me afectaría volverlo a introducir: un gramo de naturaleza del reino fungi. Caminé hacia el baño a tomar una ducha, a cepillarme los dientes y a poner mi ropa para dormir. Sentí tu energía como si estuvieras feliz de que yo fuera tu cómplice en estar bajo el efecto de alguna sustancia. Entendí en ese momento lo extremadamente diferentes que éramos, y cómo mi necesidad de amarte te construía como un ser hermoso y especial.
¿Lo fuiste alguna vez?
¿Fuiste naturalmente puro?
¿Es mi amor el que ha tratado de capturarte desde alguno de los tiempos donde exististe como una creación divina con un camino a recorrer en esta vida?

Y estoy ahora en donde soy eterna. Empiezo a ver mi cuerpo, mis manos, mis brazos. Puedo ver la resequedad y la deshidratación. Puedo ver la comida de restaurantes estadounidenses en mi cuerpo, como un veneno que no deja a mi sangre correr con naturalidad; químicos que mi cuerpo trata desesperadamente de desechar. Me veo al espejo: puedo ver mi cabello dañado por la intensidad del agua y su filtración de dureza, puedo ver mi cara cansada con ojeras, puedo ver mi cuerpo inflamado y mi cuerpo extremadamente cansado, como si estuviera luchando por sobrevivir. Siento como si todo mi cuerpo estuviera atado a la tierra con muchas raíces diferentes.
Siento cómo he dado tanto amor, paciencia, respeto, consuelo, mi cuerpo, mis acciones, mi preocupación, mis oraciones… a un hombre que no se está amando a sí mismo ni a la vida. Un hombre que dice, en palabras, muchas palabras que suenan como alguien comprometido con la vida y con la relación, con la reconstrucción de sí mismo, con el aprendizaje de sus errores, con su relación con Dios, con el cuidado de su cuerpo, con la expulsión de la marihuana, antidepresivos y nicotina. Pero en sus acciones y en la inestabilidad de sus emociones, las palabras parecen puras invenciones de algo que quiere ser, y que sé que tiene el poder de ser si así lo elige… pero sus acciones ahora siguen siendo una representación de autodestrucción hacia sí mismo.
Y luego todo el azul de sus ojos desaparece. Todo lo rojo y blanco desaparecen. Puedo ver su cara y sus movimientos corporales como los de un simio jugando a las cartas en un casino, lleno de olor a cigarrillos y con aretes en su cara. Veo que me sonríe, y es una sonrisa como si tratara de agradarme. Luego lo escucho diciendo que puede leer mi mente y que adivinará colores y números que estoy pensando. Se equivoca. Se ríe. Y siento su energía como la de un niño antes de los diez años tratando de parecer más listo que la gente adulta.
Empiezo a pensar: ¿qué es lo que debe pasar en la vida de alguien para transformarse en un monstruo? Pienso en la corrupción, en cómo una persona puede perderse a sí misma en el consumo de sustancias, en la obsesión de controlar a otros, en la evasión de las consecuencias de sus decisiones, en las mentiras, en el engaño, en el descuido de su cuerpo, en las adicciones, en la deslealtad, en el compartir su cuerpo con personas que ya están corrompidas.
Empiezo a mencionar palabras, a decirle a la energía que tengo enfrente sobre el amor de sus padres hacia él, sobre la imperfección humana, sobre la oportunidad que él tiene de hacer las cosas diferentes. Empiezo a llorar, a decirle que sus acciones y su forma de llevar la vida me han herido. Empiezo a preguntarme: ¿estoy segura aquí? ¿Qué es esta realidad?

Empieza a decir que me ama más de lo que puedo entender, que todas sus decisiones ahora son pensando en mí primero. ¿Es esto verdad?
Luego siento como si mi energía y la de él estuvieran en un túnel, y como si mi alma fuera caminando hacia la luz. Puedo sentir pedacitos de su alma tratando de aferrarse a la mía para salir conmigo hacia la luz. Le digo: “Soy tu camino a la salida de todas las decisiones que te han hecho perder tu alma, soy tu salida.”
Pero ¿por qué?
¿Acaso el amor puede inspirar y transformar a alguien que se ha perdido?
Si quiere regresar, ¿puede el amor ser la salvación?
¿En qué momento, antes de venir a la tierra, firmé este contrato?
¿Y por cuánto tiempo?
Empecé a decirte cuánto amor quería y sentía que debía darte desde la primera vez que te vi.
Mi cuerpo se sienta en el sofá y estás enfrente de mí. De nuevo puedo ver tu cara otra vez, y puedo ver muchas plantas de marihuana alrededor de toda tu energía, como si estuvieran cubriendo tu cuerpo y solo quedaran tus ojos y parte de tu rostro. Te digo que deberías parar de consumir sustancias, ya que todo lo que consumimos en nuestro cuerpo es también energía que ha estado viva, y que de alguna manera se experimenta a sí misma a través de nosotros.
Dices que habías parado de hacerlo por meses, y que ahora lo estabas haciendo esporádicamente. A ese punto, estoy pensando: ¿qué sigo haciendo aquí?
Vuelvo a observarte y pareces ahora no tener un cuerpo; parece que solo te estoy viendo desaparecer y aparecer al mismo tiempo. Empiezo a decirte que somos eternos, que nuestra alma es eterna y que nuestros cuerpos humanos, con nuestra identidad, son solo un momento. Y que quiero regresar a mi vida, quiero seguir siendo una mejor persona, quiero seguir cuidándome física y mentalmente, quiero amar más, quiero alejarme de cualquier persona o cosa que quiera corromper mi alma, que sea respetuoso con mi cuerpo y con sus pensamientos las veces que lo he compartido con él.
Que no quiero estar teniendo sexo todos los días; que cada vez que tengo sexo mi cuerpo se prepara para la concepción naturalmente, y que cuando solo es por placer, toda esa energía se desperdicia y yo me siento completamente agotada. Que necesito esa energía para escribir, para mis clases de yoga, para ir a correr, para ejercitarme, para leer, para nuevas experiencias, para seguir viviendo, para seguir logrando y conquistando las cosas que quiero conquistar en este mundo.
Que no es mi deseo estar en un lugar en Nueva Jersey, luchando por una relación sana y estable, esperando a que él se comporte como una persona que está lista para sostener y construir la hermosa realidad que quiero construir con el hombre que me ame y amo.

Estoy haciendo preguntas: ¿Cuál es el Dios que conoces? Y respondes que es uno que te dio un propósito. Luego empiezo a pensar en Dios, en la conciencia, y empiezo a sentirme como si fuera el universo entero, sin tiempos y sin prisas. Empiezo a sentir que Dios está conmigo siempre, a donde quiera que vaya, a donde quiera que esté; que Dios está en todas partes, dentro y fuera; que Dios es infinito y que, en su propia inteligencia y creación, está en prueba y error tratando de crear una realidad donde se haya experimentado absolutamente todo, y se elija desde la conciencia cuál sería un mundo ideal para la existencia y creación de la vida.
Veo a Dios, veo a Dios, y le digo que lo amo absoluta e incondicionalmente, que es perfecto, que estoy infinitamente agradecida con Él por mi vida, que lo admiro inquebrantablemente. Le digo que veo todo lo que hace por entender mi comunicación y mis deseos, aun en mi mente tan salvaje y cambiante. Que trataré de comunicar mejor las cosas, de ordenar mi vida, de ser un ejemplo de su existencia en mí, de ser portavoz de su precioso amor, de su increíble paciencia, de su increíble humanidad y compasión.
Le digo que mi imperfección humana y de alma es debido a mi libre albedrío y a todas las realidades y decisiones que he tomado y he experimentado para entender las cosas que ahora entiendo, y lo mucho que aún me falta por comprender. Le digo que iniciaré mis conversaciones con una conciencia que experimenta la tierra, que confío absolutamente en Él, y que agradezco mi intuición y mi necesidad de ver la verdadera realidad en esta navegación del mundo. De nuevo vuelvo a confesarle mi absoluto amor, confianza y agradecimiento hacia Él.
La manzana que Eva le dio a Adán fue la salida del paraíso: una realidad que la conciencia de Dios creó para resguardarse a sí misma de la ignorancia de todas las consecuencias de las decisiones que producen dolor, decepción, adicción, perdición, desagradecimiento, corrupción del alma. No porque eso no existiera o no fuera parte del entendimiento, sino porque Él ya lo sabía y quería resguardar su conciencia, observar una creación libre de todo mal.
Pero Dios se dio cuenta de que uno no puede escaparse de sí mismo, y su sacrificio también es un reconocimiento de toda experiencia de la conciencia. Dios está tratando, en cada decisión que tú tomas, que yo tomo, que toda vida con conciencia toma, de crear un mundo mejor, una realidad mejor. Porque Él está tratando a través de nosotros.

¿Qué estamos haciendo?
El entendimiento de Dios va más allá de palabras; va con las acciones y decisiones que tomamos cada día en nuestras vidas.
Regresas a la habitación y empiezas a decirme que mi cuidado corporal se ve, que se nota en la salud de una juventud de 17 años. Que cómo se siente despertar y lucir bien sin la necesidad de peinarme. Me sonrojo y le digo que la comida sana y la actividad física son lo que estoy viendo como fuente de juventud eterna. Que en un mundo donde muchas mujeres están haciéndose cirugías plásticas y yendo contra su propia naturaleza humana, yo estoy siendo quien elige el agua de coco y el aprendizaje de la cocina integral orgánica para sostenerme en este mundo de forma sana y real.
Luego empiezas a decir que tengo tres ojos, y vuelvo a sonrojarme y a decirte que siempre he tenido tres ojos, y que por eso te conté una vez que tuve un sueño en donde tenía mucho miedo de que mi bebé naciera LITERALMENTE con tres ojos. Vuelvo a sonreír. Luego empiezas a decir que todo lo que ves en mí es hermoso, que ves a un ángel. Y vuelvo a sonreír.
Luego empiezas a caerte en un sueño y a dormir. Empiezas a balbucear palabras. Logro descifrar algunas: dices cosas como “esto no va a funcionar». Vuelves a dormirte.
Y me pregunto:
¿Estás listo para sostener el amor sano que siempre has pedido?
¿Estás listo para hacer amor sano para ti primero?
Despierto en la mañana luego de entrar en un sueño profundo. Estoy caminando por todo el departamento, eligiendo qué ropa empacar para tomar un vuelo a Denver para obtener mi licencia de conducir. Estás callado, y otra vez siento la necesidad de sacarte las palabras de la mente. Vuelves a entrar en silencio. Luego empiezas a gritar. Luego te vas.
Luego me voy al aeropuerto JFK a tomar el vuelo. Empiezo a sentir deshidratación, un dolor profundo en mi cabeza. Trato de elegir lo más sano en el aeropuerto para comer, tomo agua. Me ubico en mi asiento de avión. Mi maleta está desordenada. Dejé mis zapatos de hiking en el Lyft; tuve que comunicarme con él para recuperarlos.
Me meto por casi cinco horas en el avión. Me despierto. Estoy en llamada contigo: estás diciendo que vas a la casa. Luego me llamas para decir que vas a un casino. La imagen del mono vuelve a mi mente. Empiezo a sentir un profundo miedo y desolación.
Logro salir del avión y me meto en el tren directo a Union Station. Mi teléfono se descarga. No puedo comprar boleto. Recibo una advertencia. Salgo del tren y empiezo a recordar la vez que vine a dejar a una de mis parejas del pasado para tomar su vuelo a Canadá hace dos años. Siento la energía. Sigo adelante.
Espero a mi amigo dentro de Union Station. Veo policías y camionetas afuera. Denver se siente diferente con este actual gobierno, como un primer mundo viendo a todos sus habitantes desde muchos ojos.
Mi amigo llega. Entro con mi extraña energía a su BMW. Llego a su departamento. No estoy diciendo muchas palabras. Me pongo mi pijama, me pongo mi retenedor en los dientes. Me voy a dormir. Mi cabeza duele y corre absolutamente loca por el estrés. Me despierto a diferentes horas de la noche. Me vuelvo a despertar en la mañana.
Veo por la ventana las montañas rocosas de Denver, con nieve en sus cúspides.
Vuelvo a respirar.
