Ha sido un hermoso día hoy, la tranquilidad inunda el ambiente, como si fuese posible capturar la eternidad y contemplarla con el alma. Pareciera que Dios mismo habla en medio de la tormenta de nieve, diciendo que estamos en el lugar adecuado en el momento justo. La paz nos envuelve mientras caminamos en medio de la tormenta de nieve en Denver, Colorado.
El año pasado, temblaba de frío al salir en pleno invierno, pero hoy, con emoción, observo la segunda nevada de mi vida. Cada copo de nieve es hermoso, y estoy agradecida por esta amistad que ha florecido; siento que puedo confiar en ti, y espero que sientas lo mismo.
La tormenta de nieve cubre mi cuerpo con su manto puro. En el rincón de una cafetería, una pintura de Frank Sinatra decora el espacio donde compartimos un café esta mañana. Siento una profunda emoción y gratitud por la vida, y una sonrisa emerge desde lo más profundo de mi ser. Aquí, en este momento, puedo percibir que estoy regresando a mi verdadera esencia, y desde ahí, todo es tan perfecto.
Anoche, en un sueño, me vi convertida en un gigantesco dinosaurio, mi cuerpo ardía en llamas, y todo a mi alrededor se consumía. Caminaba, produciendo un ruido ensordecedor, y en medio de la furia y el dolor, veía cómo todo se convertía en escombros. Las montañas ardían, y el cielo adquiría un profundo tono gris. La destrucción parecía natural, como si fuese parte de nuestra existencia, como cuando los campesinos queman sus campos antes de sembrar algo nuevo.
En invierno, también florecen algunas flores.
No existe un ciclo preestablecido para los acontecimientos; hoy y mañana, cualquier cosa extraordinaria podría suceder.
Me pregunto si escribes tus pensamientos en el diario que te regalé.
Me pregunto si, cuando pienso en ti, tú también me estás pensando.
He aprendido a lavar mi propia ropa en las máquinas, interpretando las etiquetas como símbolos que conectan al creador con su creación, una comunicación que graba nuestra memoria.
Deseo que cada día cuente.
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