Adicta a mi vida

He estado arrastrada a abrir todas y cada una de mis emociones actuales estos días, y verlas cara a cara ha sido extremadamente intenso. Es como si diferentes versiones mías, desde todos los tiempos en los que he existido hasta ahora, se pusieran alrededor mío y me pidieran ser profundamente analizadas. A mi increíble y maravilloso cerebro no le gusta esa incomodidad, entonces empiezo a ver dónde, dónde y qué, qué debo hacer para no enfrentarla. Es como tener que abrir todas las puertas y todas las ventanas para que entre y consumirlo de forma natural: consumirlo, gritar, y dejar que toda la irracionalidad humana en mí y toda la sabiduría de mi alma en mí, junto con todo lo que he experimentado hasta ahora y todo lo que quiero experimentar, sucedan en un mismo lugar, ahora.

Mi alma deja mi cuerpo mientras duermo, y regresa porque continúo viva. Y Dios, Dios, ¡cómo amo estar viva! Cómo amo sentir todo esto, seguir evolucionando, seguir aprendiendo, seguir creciendo. Amor. Adoro mi figura humana, adoro mi belleza latinoamericana, amo profundamente lo viva que me siento, todo lo que soy hasta ahora y lo que quiero llegar a ser. Amo el movimiento de mi cuerpo y la desnudez que me arropa a solas en mi habitación. Hace dos años que tengo el colchón en el piso, tratando de hacer minimalista el asunto, con muy pocas cosas materiales en el departamento que actualmente habito y con mucho espacio para pensar.

Pienso en las formas en las que me he relacionado con otros seres humanos. Pienso desde dónde lo he estado haciendo y me pregunto qué tan presente he estado en esas interacciones. Pido absoluto perdón cuando, de forma consciente e inconsciente, he lastimado a otros. Pero también me estoy permitiendo perdonarme a mí misma primero, porque entiendo la propia imperfección de mi existencia como una oportunidad de seguir evolucionando.

¿Qué estoy haciendo actualmente aquí? Sigo trabajando el agradecimiento, sigo tratando de hacerme responsable de mí misma en todas las formas posibles, sigo tratando de reconocer mis errores, pedir perdón, soltar lo que tengo que soltar, avanzar. Pero en el proceso, duele. Duele porque es lanzarse a lo desconocido, y lo desconocido y yo hemos estado teniendo encuentros desde hace 26 años. Entonces, es un estilo de vida hasta este punto. Pero cuánto crecimiento, cuántas nuevas formas, perspectivas de ver la vida, cuántos lugares vistos, cuántas personas encontradas, cuántas palabras intercambiadas, cuánto amor, cuántos nuevos sueños, hasta otro idioma en su proceso de ser conquistado.

Jamás, jamás, jamás, jamás, jamás cambiaría nada de lo que ha pasado en mi vida, porque todo eso me hace ser quien soy. Estoy tratando de mantenerme brutalmente honesta desde mi mundo interior con el mundo exterior, incluso en esos momentos cuando he sido extremadamente intensa, confusa. Aprendo, aprendo y quiero hacer las cosas mejor. Quiero convertirme en esa idealización que tengo de mí misma, para mí misma.

He escarbado los lugares de nuestras conversaciones, he visitado los momentos en mis recuerdos de ese movimiento que compartí contigo, lo que sentí. En un punto, quise quedarme para siempre, en un punto quise creer en eso. Pero no se puede crear algo real con otro ser humano cuando solo uno está sacando todo lo que siente desde lo más verdadero. Y respeto absolutamente todos los procesos y todas las cosas de tu vida que te llevaron hasta lo que eres ahora. Pido absoluto perdón si fui esa exigencia constante de querer que entendieras cómo veo la vida y todo lo que ha tenido que pasar.

Pero quise acercarme porque, al principio, te pregunté por qué estabas interesado en mí. Dijiste que porque tenía otra perspectiva de la vida y querías conocerla porque era diferente. Y eso me hizo querer dejarte entrar a mí. Pero luego, al final, dijiste que éramos diferentes, y simplemente no supe quién realmente eras frente a mí. Pero sé que fue real de mi parte. De la forma en la que fue, sé que fue real de mi parte. Y esa es mi responsabilidad.

Quizás estamos existiendo aquí desde diferentes lugares.

Soy adicta a sentir. Soy adicta a sentir esta realidad porque es en la que ahora estoy viviendo. Entonces, estuve ahí. Estuve ahí en ese movimiento, mirando mi cuerpo al espejo mientras me estabas tomando tan fuerte. Cuidé eso, en el tiempo en el que fue. Organicé absolutamente todo para que mi atención estuviera en ese movimiento tuyo. Y luego, tuve que empezar a arrancarme, porque eso que me estabas dando me estaba haciendo sentir que me alejaba de mí misma.

Aún no he sabido cómo realmente entregarme a otra persona. Estoy absolutamente enloquecida con la entrega a mí misma. Y aunque creo ahora en el poder de comprometerme a la existencia compartida con un hombre, necesito a alguien que esté dispuesto a verme de verdad. Más allá de cómo luce mi figura humana, más allá de sus creencias sociales, más allá de sus propias creencias, más allá de este planeta que habitamos. Porque la muerte es un juego de ruleta rusa en mi cara todos los días, y quiero sentirme verdaderamente amada Y quiero también hacer eso por la otra persona.

¿Está tu alma aún ahí contigo?

ACEPTADO – ATRAVESADO – SUPONGO – AÚN ESTOY SACANDO ESA SUSTANCIA DE MI SER.

«La oscuridad nunca ganará, pero tampoco lo hará la luz. HABRA que encontrar el equilibrio entre ambas.»
— Elizabeth Gilbert

Deja un comentario