Casi olvido


Casi olvido…

Casi olvido que todo el punto de esta vida es empezar a existir desde mí: el escuchar, sentir y expresar mi respiración.

Casi olvido que todo el punto de esta vida es despertar cada mañana reconociendo mi realidad: dónde he estado parada antes, dónde quiero estar mañana, pero lo más importante, dónde estoy parada hoy.

Casi olvido que todo el punto en esta vida es abrazar mi cuerpo humano, nutrirlo con comida sana, cuidarlo con movimiento diverso, y permitirle experimentar sus formas a través de diferentes actividades: desde una clase de yoga o el aprendizaje de un deporte extremo, hasta la más simple caminata.

Casi olvido que todo el punto de esta vida es la admiración constante de la naturaleza: cómo sale el sol cada mañana, cómo puedo levantarme, tomar un baño, ver mi silueta desnuda, aplicar protector solar, sentir la protección de esa película, esperar unos minutos, salir y sentir la calidez del sol matutino. Sentir ese contraste como si fuera una caricia del sol a mi piel. Como si los rayos del sol me dieran besos mientras mi cuerpo absorbe vitamina D y me recargo de esa hermosa energía. Mientras mis vasos sanguíneos se expanden, mientras siento mi sangre circular, y empieza una relajación interna que me permite pensar con más claridad y prepararme para el día que estoy comenzando a experimentar. Acceder a estos procesos naturales es parte de mantenerme sana y en armonía con la naturaleza.

Casi olvido que todo el punto en esta vida es sentirme amada, cuidada, respetada, valorada, escuchada, apoyada y elegida por mí misma primero. Para comprender que no debo quedarme en lugares ni con personas donde no estoy recibiendo lo que ya, de por sí y por mí misma, soy capaz de darme. Y por lo tanto, también puedo dar.

Casi olvido que todo el punto de esta vida también es la exploración de las experiencias y las creaciones humanas: una hermosa melodía clásica, un expresivo álbum de un artista, entendiendo sus palabras desde un “enmedio”; no haciéndolas mías, sino observando que, aunque pueden ser experiencias humanas en contextos similares, ellos —al igual que yo— también están siendo su propia vida. Desde mi “enmedio” puedo permitirme experimentar y observar, admirar una pintura, dejar libertad a mi mente para explorar e imaginar cómo ese arte me hace sentir. Experimentar el arte en sus diferentes formas y expresiones.

Casi olvido que todo el punto en esta vida consiste en entregar partes y versiones de mí en la conexión con otros seres humanos. En encontrar nuestra propia danza juntos, donde bailamos al compás de una compañía en la que ambas figuras están presentes, dando y recibiendo.

Casi olvido que todo el punto en esta vida es permitirme aprender nuevas cosas, mejorar, pedir perdón. No como un acto de inferioridad, sino como un acto de reconocimiento de que estoy trabajando constantemente en evolucionar. Saber pedir perdón es reconocer mis fallas humanas y comunicar que he evolucionado al punto de entender que mis acciones pudieron herir o causar confusión. Y sentir la responsabilidad de pedir perdón como un acto de amor propio, como reconocimiento a mi humana imperfección, y como puerta abierta a una constante transformación y evolución. Que me desintegre y rompa cualquier pared, estructura, planeta o forma… hasta regresar a mi verdadera existencia sin límites, a mi verdadera conciencia.

Casi olvido que todo el punto en esta vida es respetar el proceso de vida de los demás. Saber ser amable, escuchar al otro, ayudar si puedo y si me lo piden, sin perder partes de mí ni sacrificarme hasta perderme o sacarme de mi propio centro.

Casi olvido que todo el punto de esta vida es mirar con ojos de amor, dar sonrisas de agradecimiento, comunicar con voz calmada y respetuosa a mi madre y a mi padre. Transmitirles ese profundo agradecimiento por haberme dado esta experiencia tan extraordinaria de la vida. Saber que ellos, al igual que yo y que cada ser humano allá afuera, están tratando de hacer lo mejor que pueden, con lo que saben, con lo que tienen, con lo que quieren lograr. Y antes de reconocerlos como padre y madre, los reconozco como seres humanos de carne y hueso que comparten este mismo mundo que habito.

Casi olvido que todo el punto en esta vida es despertar cada mañana agradeciendo a Dios por el milagro de mi existencia y de todo el mundo a mi alrededor. Por este cuerpo, este envase que sostiene mi alma y me permite experimentar esta vida humana.

Casi olvido que todo el punto en esta vida es saber que mientras mi corazón esté latiendo, todo en esta realidad tiene solución. Y que, con la iluminación y guía de Dios, encontraré organización y respuestas. Confío en que, aunque esté sintiendo mis propios procesos, aunque esté en mi imperfección, en mi dolor, incluso en esos días donde nada parece tener sentido… siempre está Dios por encima de todo. Y mientras me mantenga honesta desde mi interior hacia el mundo exterior, todo estará trabajando a mi favor. Mi único encargo es hacer lo mejor que puedo.

Casi olvido que todo el punto en esta vida es la experiencia de amar, de cuidar, de encontrar ese mundo compartido con el hombre con el que decida compartir mi vida. Que ambos digamos «para siempre» juntos y creemos nuestras propias expresiones de vida.

Casi olvido que todo el punto en esta vida es crear, colaborar con personas que nos ayudemos mutuamente a crecer, a aprender, a alcanzar nuestra propia idea de éxito.

Casi olvido que todo el punto en esta vida es ser: la hermana que quiero tener, la amiga que quiero tener, la pareja que quiero tener, la vecina que quiero tener, la figura adulta que quise encontrar cuando era niña, la profesional que quiero encontrar, la desconocida que sonríe al extraño que quiero encontrar. Casi olvido que siendo eso que quiero encontrar, ya estoy empezando a crear la experiencia por mí misma.

Casi olvido que todo el punto en esta vida es experimentar la vida misma desde el balance entre mi oscuridad y mi luz. Permitir que ambas conversen entre sí para comprenderse, para expresarse, para saber desde dónde estoy existiendo, desde dónde estoy creando. Saber que puedo tomar mis tiempos y espacios para acelerar mi ritmo o para calmarlo, para hacer todo o para hacer nada.

Casi olvido que todo el punto en esta vida es una experiencia humana de la cual no sé ni cómo ni cuándo terminará. Y que, por lo tanto, despertar saludable e inspirada cada día es un verdadero milagro. Eso me hace extremadamente humilde y rendida ante la voluntad de Dios, sabiendo que Él siempre sabe qué es lo mejor para mí. Y que en mi libre albedrío, que Él absolutamente respeta, está la libertad de tener conversaciones con Él y pedirle su divina interferencia, porque confío en Él.

Casi olvido que todo el punto en esta vida es vivir sin remordimientos, sin apegos, sin miedos. Vivir escuchando a mi corazón primero, para que el día en que mi cuerpo ya no despierte, mi alma pueda avanzar y regresar a la verdadera divinidad donde toda la belleza, todo el amor, toda la verdad y todo lo que desconozco me sea revelado. Donde pueda regresar a la casa que tuve que olvidar para transitar esta realidad, y regresar a los brazos y al amor de todo el arte que Dios, en su conciencia, es.

Fotografía de excursionistas en una pradera verde con montanas al fondo y un efecto de fuga de luz roja, representando aventuras y naturaleza
Fotografia de Adrià Masi

Casi olvido que todo el punto en esta vida…
Es convertirme en una buena y agradecida persona por el extraordinario regalo de la vida.

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