Yo aún sigo aprendiendo

Fotografia de Jasinto Shabani

La anatomía humana está compuesta por dos partes principales: una es gruesa y visible, la otra microscópica e interna. La parte visible es superficial, externa, como el acabado final de una obra en constante transformación a medida que el cuerpo se desarrolla y se revela a la luz con el tiempo. La parte interna, en cambio, es la encargada de hacer que todo suceda, albergando los sistemas interconectados que trabajan en armonía dentro de sus estructuras para mantener el funcionamiento de todo el organismo. Esta forma humana es solo una de las representaciones materializadas de nuestra existencia. Me pregunto, ¿en qué momento somos realmente conscientes desde adentro hacia afuera? Nuestra existencia diaria parece estar tan bombardeada por lo externo, que son pocos los momentos que nos permitimos para el reconocimiento profundo de nosotros mismos. Y cuando dirigimos la mirada hacia nuestra viva existencia, es inevitable preguntarnos en qué punto de nuestras vidas nos encontramos ahora mismo. La respuesta puede ser tan hermosa o tan dolorosa, dependiendo de si nos estamos siguiendo a nosotros mismos o a algo o alguien más.

La voz dentro de mí, esa que ha estado ahí desde que tengo memoria, se vuelve cada vez más clara y es imposible de ignorar. Estoy agradecida por eso, aunque a veces se siente como si quisiera tomar control total de mi ser, para vivir desde su divina expresión. Es como si todas mis partes dormidas despertaran en tiempos distintos y finalmente se unieran. La vida nunca podría ser una historia contada por alguien más; el entendimiento de la vida es algo que, de forma íntima y personal, debemos experimentar para poder comprenderla. Aún sigo aprendiendo.

La conceptualización de la palabra “pérdida” puede llevar a múltiples interpretaciones, pero todos esos lugares de «estancamiento» son necesarios para encontrar la salida, la verdadera salida. Tratamos de ocultar las heridas en personas, en viajes, en fiestas; intentamos suprimir el dolor de todas esas cosas que interrumpieron nuestra inocencia, al punto de olvidar cuál es el verdadero propósito inicial de por qué estamos con vida.

He estado analizando cada una de esas interrupciones de la inocencia desde hace varios años, adoptando diferentes roles y voces para educarme y explicarme cada acontecimiento de mi vida hasta ahora. He creado estos espacios para escuchar también diversas perspectivas de otros seres humanos que, al igual que yo, han atravesado estos procesos de sanación interna.

A principios de 2022, me sentía como si mi embarcación hubiera llegado a aguas de intensas profundidades; sentí como si todas esas tormentas eléctricas quisieran destruir toda la materia de una embarcación que había llegado intacta, con el puro deseo de navegar en equilibrio, de sentir la brisa del océano y el sabor del viento salado con el rocío de las mañanas. De repente, me encontré en distintas corrientes, y cada una quería arrastrarme al fondo. Me dejé llevar por cada una de ellas, pues todas tenían algo que enseñarme. Durante los últimos casi tres años, he estado emergiendo de cada una de ellas, y la embarcación ha vuelto a flote. Con todas esas cicatrices, se eleva nuevamente hacia la armonía de todo aquello que deseaba experimentar. Y aunque algunas de esas corrientes, ahora bajo control, siguen siendo un poco turbulentas en ocasiones, hoy sé que puedo navegar por ellas. Aunque aún soy muy joven en mi forma humana, llevo conmigo esa otra parte de mi anatomía que nadie jamás ha podido materializar: el alma, y sin ella, no podría observar mi propia existencia.

Fotografia de Eunjin Baek

Eran mediados de julio de este año, y sentía un deseo interno de salir y verte por primera vez. Estaba un poco aturdida, y requirió mucho coraje de mi parte salir sola por la noche para ponerle una cara a tu respiración con vida. Llegué al lugar y casi de inmediato me sentí abrumada por todos esos cuerpos humanos a mi alrededor, todos completamente desconocidos, inmersos en una simulación de vida donde las miradas se dirigían a todos lados menos a ellos mismos. Y bueno, yo, en ese momento, estaba buscando tu mirada.

Foto de Alina Skazka

Subí por las escaleras, y lo primero que vi fue un brazo humano extendiendo su mano para tomar la mía. Nos movimos entre el tumulto, y de repente desapareciste. Pude sentir esa perdición tuya; tu mirada fue imposible de captar esa noche, y tu presencia se sentía tan intensamente dentro de mí, como si hubiera despertado un hambre feroz que necesitaba ser saciada. Siempre he caminado por las líneas cuando se trata de los hombres, siempre he puesto mi atención en lo que se siente más razonable que atractivo. Pero, por primera vez, sentí la curiosidad de salirme de mis líneas para desenredar todas las tuyas. La razón siempre es más fuerte que mi desenfreno, y tuve que marcharme del lugar y alejarme. No conozco a detalle tu historia de vida hasta ahora, ni siquiera el punto de inicio de todas esas formas que construyen una que no me deja ver la tuya. Sin embargo, después de hacerme responsable de desenredar una a una las mías, no hay nada sustancial que me invite a quedarme cerca de ti, al menos esa es la realidad ahora.

Me siento en sintonía conmigo misma y en constante conversación con el mundo externo, y no voy a perder esto. No voy a perderme a mí misma, por nada ni por nadie. Aun en medio de todos estos procesos actuales de entendimiento y aprendizaje, aun en esos espacios duros y confusos de soledad, no estoy dispuesta a perder ni un solo centímetro de mi existencia por tratar de encajar en algo o en alguien más, donde no me sienta yo misma. Incluso en esas colaboraciones interpretativas de conocer y experimentar algo nuevo o alguien, quiero sentir estas experiencias como un compartir y una extensión de mí misma, y no como si tuviera que sacrificarme en un espacio escalofriante solo para tener cierta compañía.

Foto de Alina Skazka

A inicios de este mes, di por primera vez una clase de yoga curativa a una de mis amigas y a una nueva conocida. Antes de mover nuestros cuerpos, creamos un espacio confidencial donde cada una expresó cómo se sentía en ese momento de su vida. Sentimos la brisa de verano y escuchamos el sonido de nuestras risas en unísono, agradecidas de estar vivas y experimentando nuestros veintitantos.

Después de una improvisada visita al primer viernes de arte de cada mes en Santa Fe, Denver, regresé a mi departamento. Más tarde esa noche, después de casi dos años, creamos ese espacio detenido en el tiempo, donde fuimos uno. Te sentí en todas las profundidades internas y externas de mi existencia; sentí tu mirada penetrante en la mía, tus besos suaves y profundos. Sentí toda esa magia que eres. Tomaste más de doscientas fotografías de mí esa noche, mientras las luces de la ciudad de Denver brillaban a través de los grandes ventanales del piso 15 del edificio donde actualmente vivo. Sé que te lo he dicho antes, pero eres tan hermoso.

Este verano me di la libertad de salir una tarde simplemente para caminar dos kilómetros en busca de un helado de lavanda. Regresé con una sonrisa, y ese mismo fin de semana, experimenté mis primeros encuentros con el sushi de esta ciudad y, por supuesto, disfruté un poco más de helado. Es un poco desconcertante cuando, en esos silencios conmigo misma, me recuerdo que actualmente estoy en un país completamente nuevo y completamente sola. Pero, como todo en esta vida, incluso esta mirada interna y externa de mí misma y del mundo, es un espacio temporal, y estoy agradecida por tenerlo. Como he escrito antes, creo infinitamente en lo esencial y vital que es para cada ser humano tener esta oportunidad en el tiempo, pues solo así sabremos desde dónde estamos verdaderamente eligiendo.

Fotografia de Alina Skazka

Este verano también he estado disfrutando la variedad de flores combinadas en diferentes arreglos, tanto en mi departamento como en mi oficina actual. Crear esas diferentes combinaciones es algo que alegra el iris de mis ojos.

En esta ciudad, durante el verano, crecen muchos girasoles silvestres en los jardines y a lo largo de las aceras de las casas. Jamás había visto algo así antes, y aunque los vea en otro lugar en el futuro, siempre me recordarán a Colorado.

Mis ojos siguen una evolución propia según la atención que pongo en los objetos, cosas y personas que observo. Cada vez desarrollan diferentes direcciones, y últimamente he estado fascinada por el diseño arquitectónico. Denver tiene edificios de diversos estilos, y cada vez que salgo a caminar, me gusta centrar mi atención en apreciar esas diferencias y capturarlas en fotografías. La arquitectura contemporánea es más libre en sus formas de expresión, y estoy agradecida de tener la oportunidad de comenzar a conocer estos diseños.

Fotografia de Vasilis Karkalas

El acto más grande de fe es cuando soltamos, y Dios sabe cómo he puesto en práctica esto últimamente. Cada vez que realizo este movimiento, siento como si millones de alfileres perforaran cada uno de mis poros, un dolor que sale a respirar y se libera cuando las heridas finalmente sanan. Es increíble cómo muchas personas están dispuestas a hacer o aceptar lo que sea con tal de no sentir ningún dolor, pero al hacerlo, van ocultando su verdadera y luminosa forma, hasta llegar al punto de perderse por completo. Ese no es el lugar donde se supone que alguien debe estar en la vida.

Este ha sido también un mes de reencuentros, en los que he puesto en pausa lo que sea que estuviera haciendo solo por el puro placer honesto y humano de una cara familiar que no veía desde diciembre del año pasado. Estuvimos bailando mientras las luces de la ciudad iluminaban el espacio en el que existíamos, y aunque románticamente no creo que mi interés sea volver a verte, estoy agradecida por el lapso de tiempo en el que coincidimos.

Foto de Anna Holodna

Siento una necesidad de construir un entendimiento de esta nueva sociedad, inmersa y combinada en tantas culturas diferentes. Las conexiones y relaciones humanas que he hecho hasta ahora aquí parecen carecer de estructura, y en la torpeza de ese movimiento, abrazo completamente el proceso, ya que también estoy en el aprendizaje de esto. Me resulta fascinante cómo cada país tiene un movimiento propio y cómo, cuando te mudas, aun siendo también humano como los demás, todo se siente como un mundo completamente nuevo por experimentar y encontrar tu propia perspectiva dentro de él.

Estoy en la observación de mis movimientos corporales en los diferentes ejercicios que practico. En esos grandes espejos donde me veo cada vez que entreno, observo mi figura humana, una completamente sana, que sigo aprendiendo a cuidar. Puedo sentir la necesidad del movimiento para equilibrar mi propia energía.

Fotografia de Q. Hưng Phạm

Estoy aprendiendo diferentes formas de expresión, tecnicismos y ejecuciones para diversos proyectos, desde la nada hasta una idea concebida y desarrollada como una extensión propia. Luego, la pongo en diálogo compartido para llegar a una conclusión donde todas las partes involucradas estén de acuerdo. Así se siente mi trabajo en la compañía en la que colaboro actualmente; estoy agradecida de ser parte de su movimiento, y mi intención es que esta experiencia se una a esa parte de mi conocimiento que me llevará a todos los lugares a los que quiero llegar.

Viajé a New Jersey este mes para ver a mi madre, la más pequeña de mis hermanas, la pareja de mi madre, mi tía, el esposo de mi tía, la familia del esposo de mi tía y mis queridos abuelos maternos, quienes viajaron por segunda vez a los Estados Unidos en compañía de una de sus hijas para unirse a la celebración familiar. Vernos después de tanto tiempo fue refrescante, porque pude ver su inocencia a través de sus ojos, la alegría de haber creado una larga familia en la que cada uno de sus miembros forja y sigue su propio camino. También fue hermoso verlos finalmente viviendo a su propio ritmo, disfrutando de una vida activa, donde el agradecimiento desborda desde el corazón y se manifiesta en lágrimas de alegría. Estoy agradecida por provenir de una familia que sigue primero a su corazón, y que el amor, el agradecimiento y la calidez humana son sus estandartes. Les deseo tanta salud y bienestar a cada uno de ellos, por toda una eternidad.

Hay un restaurante en Broadway que visité en dos ocasiones este mes; ya lo había visitado antes, pero se sintió como una especie de portal, en el que ambos nos vimos las caras por segunda y tercera vez. Enfrente de este restaurante hay un cine llamado Mayan Theatre, que siempre me ha parecido un lugar auténtico de Denver, como si fuera uno de los escenarios de la existencia de mi vida hasta ahora.

Fotografia de Sabino Rodriguez

En los aeropuertos, el alma sale a respirar y la expresión se siente más honesta que nunca; es como si fuera un lugar de inicio hacia cualquiera de las direcciones, donde puedo escucharme con claridad y verme como una observadora externa, identificando en qué momento de mi vida me encuentro ahora mismo y cómo quiero seguir adelante. Es como si fuera la implantación de una nueva actualización en cualquiera de las versiones del software de mi cerebro en ese momento.

Tomé exactamente cuatro vuelos, y en los dos primeros me sumergí en conversaciones de más de dos horas con los pasajeros al lado de mi asiento. Cada uno era mayor que yo, y con una confianza absoluta me compartieron en qué momento de su vida se encontraban. Al final de cada conversación, sentí un deseo de volvernos a encontrar y un profundo agradecimiento por tener la habilidad de hablar otro idioma para poder comunicarme con ellos.

En otro de los escenarios de este mes, me encontraba en el estudio fotográfico de uno de mis amigos fotógrafos. Llevaba puesta una camisa blanca de manga larga, unos jeans Levi’s, el cabello suelto y accesorios dorados. Me dejé dirigir por sus ojos profesionales, y pude ver mi edad y la contención de mi existencia actual en esas fotografías digitales: una mujer de 25 años. ¿Cómo he llegado hasta aquí? Es maravilloso, y es mi profundo deseo seguir teniendo todas estas diferentes vistas de mí misma en las experiencias que mi alma y yo queramos explorar.

Fotografia de Lou Mancilla

Había dejado crecer mis cejas durante meses para lograr un arco equilibrado cuando llegara el momento de que la persona en el lugar de depilación pudiera finalmente estructurarlas sin problema. Todo ese tiempo de cabellos desordenados valió la pena. El aceite de ricino se ha convertido en una fe materializada para el crecimiento y cuidado de mi cabello.

Nuestra forma de vida también está compuesta por todas esas rutinas que seguimos, y una que ha formado parte de mí desde que me mudé aquí es esa sensación de algunas mañanas, cuando salgo a caminar por café. El sol de la mañana me envuelve con una sensación abrigadora, mientras la brisa refresca y equilibra la temperatura ambiente, que se siente perfecta.

También puedo ver la imperfección de mi existencia y esos espacios de contradicciones que a veces enfrento, como si no estuviera completamente lista para experimentar todo lo que quiero sentir. En todo lo que jodí esa noche contigo, al decirte algo mientras dormíamos juntos y luego hacer algo completamente diferente al día siguiente, me di cuenta más tarde de que fue un sistema de defensa que buscaba alejarme de ti a la fuerza. Aún no sé cómo me siento respecto a esto.

Fotografia de Iqbal farooz

Pasé tres días que se sintieron eternos, durante la tarde y noche, tratando de ordenar pieza por pieza cada una de las prendas que tengo ahora conmigo, para hacer espacio para las otras que aún tengo en Florida y Puebla. Es cómico la importancia que le damos a algunas cosas materiales, como si hubiéramos encontrado en ellas una conexión que forma parte de nuestra identidad. Y aunque al morir no nos llevaremos nada de eso, porque es tan irreal como la ilusión de una existencia única en esta forma, me parece interesante cómo algunas de estas cosas pueden hacernos sentir más nosotros mismos.

En mayo de este año tomé la decisión consciente de aprender a cocinar comidas integrales y saludables para mí. Aún en ese proceso, encuentro lo difícil que ha sido alimentarme de forma equilibrada y en un ritmo estable. Pero bueno, sigo aprendiendo.

La ansiedad que produce la falta de concentración no ha sido buena amiga últimamente. Me esfuerzo por encontrar concentración de forma despierta y natural, pero Estados Unidos es un país verdaderamente intenso, y no quiero caer en la adicción al enfoque superficial que muchos de sus habitantes tienen. Quiero encontrar mi propia y natural concentración. Otra vez, sigo aprendiendo.

A veces se siente como avanzar y avanzar, y otras veces como líneas diminutas de retroceder y retroceder. Luego, el avance vuelve a tomar forma, y parece que esas líneas de retroceso son meramente vistazos para algún recordatorio de una lección ya aprendida. La verdad es que nadie sabe realmente lo que es un avance establecido, porque cuando eres consciente de tu propia vida, tener abiertas diferentes perspectivas en las distintas líneas de tiempo es necesario para el entendimiento. Quién sabe, al final, ya sea en retroceso o avance, siempre nos estamos moviendo, y una de las constantes de la vida es el cambio.

En la clase de una larga sesión de estiramiento esta mañana, justo minutos antes de terminar, pude sentir en mi corazón una enorme gratitud. Y cuando conectamos con la gratitud, terminamos agradeciendo por todo y todos.

Fotografia de Dr Photographer

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