El verdadero amor

Es increíble lo que la soledad puede hacerle a un ser humano. En mi experiencia, hasta ahora, con los tiempos en los que la he tenido en convivencia veinticuatro siete, ha sido constructora de mi identidad. Me ha disociado de lugares, de personas con las que he estado, y me ha llevado a un primer vistazo de mí misma, como la primera memoria registrada que puedo recordar: un momento en el que era solo una observadora, sin la necesidad de controlar el mundo exterior, pero con una urgencia profunda de expresar mi mundo interior.

Fotografia de Mario Cuadros

Y cuando todas esas estructuras fueron impuestas hasta llevarme a una pelea interna—lo que mi familia, la sociedad en la que crecí, el país de donde soy querían imponer como una «predicción» de cómo debían ser las cosas—, tuve que emprender un viaje. Un viaje aún con esa pelea interna, hasta la liberación, navegando entre recuerdos, hasta aferrarme nuevamente a esa primera sensación de observadora y volver a situarme desde ahí. Ordenando lo que podía tomar como bueno para la construcción de la persona que estoy siendo ahora y en la que me quiero convertir.

He vuelto como observadora, y desde aquí, la vida se siente como un regalo salvaje, donde la atención a mi conciencia y la expresión honesta de lo que realmente siento, pienso y quiero deben pasar por un análisis antes de poder expresarse en palabras o acciones. Es aquí donde vuelvo a sentir ese ser humano irracional que habita en mí, en un cuerpo que se siente temporal, prestado, pero que le permite a mi alma experimentar este mundo.

Hay tantas emociones, tantas fotografías en memorias llenas de dolor, felicidad, soledad, tristeza, esperanza, fe, amor, sueños… y puedo acceder a ellas cuando quiero pensarlas. Creo que me extrañaré a mí misma en esta forma el día que muera, porque me estoy amando de verdad, estoy aprendiendo tanto, incluso al reconocer mis errores, mis intensidades. Ahora todo se siente observado desde versiones mías, de muchas formas y direcciones. Y creo que la vida es tan hermosa.

Fotografia de Hilal Bülbül

He pensado en todo lo que demandamos del otro, en todo lo que queremos que alguien sea para que tenga sentido en nuestra vida. Qué equivocada estaba al decirle a alguien lo que tenía que ser o cambiar para estar conmigo. Si no podía ver lo que realmente eran para poder amarlos de verdad, entonces era mejor soltarlos. Y todas esas veces en las que tuve que hacer o ser algo que no quería ni sentía, con tal de validar que merecía el amor del otro… qué equivocada estaba al creer que sacrificándome por alguien estaba comprobando que yo también amaba.

Pero qué necesario e inevitable fue vivir esas experiencias para ver todo esto desde donde ahora lo veo. Mi vida está siendo un viaje increíble, y tengo esa chispa en los ojos, ese deseo de experimentar y poner mi atención solo en lo que incentive la felicidad, el aprendizaje, la evolución, el cuidado, la verdad… y en que todas esas cosas encuentren un balance.

Recuerdo cuando era niña y la gente se acercaba a preguntarme qué me gustaba o qué hacía. Recuerdo con cuánta pasión les describía todo lo que la vida me hacía sentir, y cómo ellos gesticulaban con sorpresa. Aún sigo provocando esas reacciones, y cuando veo sus caras, me recuerdan a esa niña.

Fotografia de Ömer Gülen

Y es eso lo que está bien: ser tú mismo, escuchar tu voz interior, tomar tus propias decisiones, porque nadie mejor que tú sabe lo que quiere y necesita. Las otras personas siempre hablarán desde su experiencia, y es bueno pedir consejos, opiniones, perspectivas. Los otros seres humanos también son espejos. Pero creer en uno mismo también significa confiar en lo que sentimos y observar a ese ser humano irracional que es parte de nosotros. Iluminar su existencia con la luz de donde venimos.

Porque creo que todo el mundo es hermoso.
Porque creo que todos cumplen un papel necesario, importante, en la creación, evolución y sostenimiento de este lugar que habitamos.
Porque todo siempre está cumpliendo un propósito.

Seamos buenos allá afuera. Seamos tranquilos. Escuchemos al otro. Seamos amables. Respetemos la forma en la que cada quien existe. Alejémonos de lo que no representa lo que realmente queremos experimentar. Seamos pacientes. Preguntémonos de verdad cómo se siente el otro en su vida.

Fotografia de Amar Preciado

Y si queremos experimentar el amor verdadero, entonces habrá que abrir un espacio para conocer realmente al otro. Ver lo que nos está diciendo, lo que está haciendo, lo que está expresando. Y al observar esas fotografías en tiempo real, preguntarnos:

¿Quiero amar a esta persona?
¿Quiero amar en lo que se quiere convertir?

Pero antes de abrir ese espacio para alguien más, pregúntate si no es hora de abrirlo para ti mismo. Si ya lo hiciste, entonces…

¿A quién eliges amar después de ti mismo?

Este nuevo amor también será un desafío. Será algo que tendrás que conquistar, aceptar y amar.

Yo sigo aprendiendo… mi software sigue actualizandose en nuevas versiones.
¿En qué versión estás ahora mismo?

Deja un comentario