
En septiembre de este año será oficialmente el mes en el cual cumpliré dos años de haberme mudado a los Estados Unidos, específicamente a Denver, Colorado, y aunque aún me siento como esas rocas en el agujero de la construcción antes de construir una base sólida, estoy hablando de rocas antes porque mi base está buscando ser construida en su forma más óptima posible, y esta vez estoy construyendo esto con mis propias manos, agradeciendo la ayuda pasada, presente y futura, pero en esa construcción desde mi puro movimiento y ritmo. A inicios de agosto me percaté de que mis pensamientos una de esas mañanas estaban siendo en inglés, y al instante de observarlo desde mi conciencia en el medio de esas dos dualidades sonreí de felicidad, porque estoy haciendo realidad el poder hablar dos idiomas de forma simultánea, y aunque mis sensaciones en el idioma inglés carecen de profundidad por lo nuevo que es en mi sistema, ya que llevo hablándolo desde que me mudé a los Estados Unidos, cada día siento avanzar un poco más para ir ordenándolo gramaticalmente, en pronunciación y escucha en mi cerebro, pero algo es claro: mi cerebro ya no busca traducir cada conversación del inglés al español; se empieza a sentir como si lo entendiera y lo respondiera desde una naturalidad de entendimiento en un solo idioma. Estoy agradecida por eso.
En mi búsqueda también del balance entre el sistema en el que experimento mi vida, trato de hacer estos espacios conmigo misma para respirar y recordarme que mi completo yo es ilimitado y eterno, y que cualquier navegación de diferentes procesos creativos que buscan materializarse son con el principal propósito de poder ser expresados y experimentados. Entonces es ahí donde vuelvo a mí misma y sigo adelante.

Elizabeth Gilbert dice en uno de sus libros: “Cuando sales al mundo a ayudarte a ti misma terminas queriendo buscar ayudar a todos”, y aunque económicamente ni de forma influyente me siento en ese punto ahora mismo, creo que siempre es bueno empezar de alguna forma, y son esas formas en las que he comenzado cada vez que soy honesta con los demás, y cada vez que puedo ser útil en algo para ayudar cuando es requerido y está en mi alcance hacerlo. Pienso que al ayudar a los demás también te ayudas a ti mismo porque, de alguna manera, estás ayudando a otro ser humano que, aunque sea el que requiera de tu ayuda en ese momento, tú también has estado o puedes estar en esa posición en donde necesites ayuda de otro ser humano. Hacer esto consciente es darse cuenta de la necesidad de formar comunidades que apoyemos y nos apoyemos sin importar el número de sus miembros o la cercanía física de ellos; es un acto del corazón de humanidad.

El fin de semana anterior a este fui invitada a una fiesta con conmemoración de despedida y buenos deseos a una mujer de Colombia que conocí en diciembre del año pasado. Esta persona estuvo aquí en los Estados Unidos en un intercambio “cultural” con un programa conocido mejor como au pair, un término francés donde una persona joven puede hacer un intercambio desde un país extranjero para cuidar a los niños de una familia y realizar algunas tareas domésticas a cambio de una remuneración semanal, una inmersión en la cultura y la oportunidad de aprender el idioma del país al que se muda de forma temporal. En sí, esto se basa en una experiencia compartida de intercambio cultural, un programa que puede durar entre seis meses y dos años, dependiendo del acuerdo al que se llegue entre la familia anfitriona y el au pair.
En Estados Unidos, es de muy alta demanda la necesidad de muchas familias de asociarse con estos programas, ya que los costos de cuidado infantil son altos, y estas familias pueden ahorrarse mucho dinero. Y creo que ese es el problema, que muchas de estas familias, en su ignorancia e insensibilidad, usan estos programas para explotar a estas jóvenes, que también están preparadas académicamente, y cuya intención al confiar sus vidas en estas nuevas familias es meramente con la ilusión juvenil de un intercambio cultural. Ellas dejan a sus familias, su idioma, y todo lo que conocen hasta ese momento por una promesa que, lastimosamente, no todas estas familias cumplen. Me parece inaudito que Estados Unidos, que promueve el respeto a los derechos humanos, permita todas esas irregularidades de estas familias hacia el trato a estas jóvenes. Quiero aclarar que no todas las familias hacen estos tratos injustos a estas jóvenes, pero sí muchas de ellas, y creo que es fundamental que las entidades correspondientes pongan atención a esto para que puedan promover tratos justos a estas jóvenes, y no hacer vista gorda a una forma de esclavitud moderna, porque, así sean seis meses o dos años, estas jóvenes merecen respeto, cuidado, y la oportunidad de tener este intercambio justo de cultura. Muchas de ellas no solo cuidan de forma extraordinaria a estos niños; muchas de ellas también enseñan el idioma del país de origen y proveen esta alta atención al cuidado de los niños de estas familias, y esto es invaluable. Muchas de estas muchachas tienen aspiraciones, están preparadas académicamente, saben hablar múltiples idiomas, tienen familias que las extrañan y que ellas extrañan, y me parece tan injusto lo que semanalmente les pagan en comparación a la fórmula matemática, porque el cuidado infantil es un trabajo importante, al igual que cualquier otro, y merece ser reconocido como tal.
El domingo posterior a ese sábado de fiesta con mi conocida y sus amigas, tuve la oportunidad de comer una variedad de comida de diferentes países, y todas las personas que estábamos ahí deseamos a esta hermosa mujer colombiana los mejores deseos en su nueva aventura. El domingo estuvimos en otra cena, y mientras caminábamos por las calles del centro de la ciudad, pude ver esta unidad en todas ellas, y aunque todas ellas tienen en común esa experiencia de au pairen la que actualmente se encuentran y yo no, me sentí feliz por todas ellas de que se tienen unas a otras. Pude sentir el aire de verano, el atardecer en sus diferentes tonos, los ruidos de la ciudad, las sonrisas y una incertidumbre compartida, donde también me incluyo, en donde se siente tan grandísimo estar uno solo en un nuevo país, pero cada vez que me siento así, me recuerdo que si soy un humano y los demás también, entonces a donde quiera que vaya no estoy sola físicamente porque estoy acompañada de todos ellos, y siempre es mi deseo conectar con buenas y verdaderas personas.
Si estás leyendo esto y eres miembro de una de estas familias anfitrionas y aún no eres consciente del verdadero significado, corre a informarte para que puedas, de forma educada, respetar las formas y procesos y principalmente ser agradecido de recibir a estas personas en tu casa, que al igual que tú y tu deseo para tus hijos y seres queridos, tienen sueños y aspiraciones. Si eres participante del programa de au pair, infórmate bien antes de aceptar cualquier contrato, investiga bien todos los pros y contras, asesórate sobre cómo poder transferirte a otra familia si después del período de prueba no te sientes segura y respetada, y busca siempre que la intención de tener este intercambio cultural se haga realidad, y también obviamente cumplir tu parte de forma justa, encontrar un balance en donde las dos partes experimenten la intención verdadera del programa. Y a las compañías que son intermediarias de estos programas y que se benefician económicamente de esto, busquen ser humanos primero con sus procesos y formas antes de poner el dinero en primer lugar. Todos los seres humanos, sin importar su cargo, influencia, educación, etc., todos tenemos el poder de, juntos, hacer de este mundo un lugar mejor.

Escrito por Kafme
